
“Por la fe conquistaron países, impartieron justicia, recibieron lo que Dios había prometido, cerraron la boca de los leones, apagaron fuegos violentos, escaparon de ser muertos a filo de espada, sacaron fuerzas de flaqueza y llegaron a ser poderosos en la guerra, venciendo a los ejércitos enemigos.” Hebreos 11:33-34 DHH
¿La fe es un riesgo? Claro que sí, pero no atreverse a caminar por fe es arriesgarse a perder la vida real.
Este pensamiento me ha planteado todo un reto:
RIESGO
Reír es arriesgarse a parecer necio.
Llorar es arriesgarse a parecer sentimental.
Acercarse a otra persona es arriesgarse a comprometerse.
Exponer nuestras ideas, nuestros sueños ante una multitud es arriesgarse a perderlos.
Amar es arriesgarse a no ser amado.
Vivir es arriesgarse a morir.
Esperar es arriesgarse a desesperar.
Tratar es arriesgarse a fracasar.
Los riesgos deben correrse; el mayor peligro de la vida es arriesgar nada.
La persona que nada arriesga nada hace, nada tiene, nada es.
Puede que evite sufrir y apenarse, pero sencillamente no puede aprender, sentir, cambiar, crecer, amar… vivir.
Esa persona es una esclava encadenada por sus certidumbres; ha perdido la libertad.
Qué privilegio tenemos de poder caminar por fe en Dios, armados con todas las promesas de su Palabra.
Supongo que todos deseamos la seguridad del firme tronco del árbol, pero el fruto está en la punta de la rama.
Nada arriesgado, nada ganado. El alma tímida pregunta; «¿Qué pierdo si lo hago?».
El cristiano que da fruto pregunta; «¿Qué pierdo si no lo hago?». La vida real se vive al filo de la navaja.
Padre celestial ayúdame a ponerme de pie por lo que es bueno, alcanzar y amar al prójimo y atreverme a creer.
Dr. Neil


