IDENTIDAD DE LA IGLESIA
IDENTIDAD DE LA IGLESIA
A LA LUZ DE JESUCRISTO
Iglesia cristiana evangélica · Tradición bautista conservadora
«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.» Juan 8:12
Nuestro nombre
El nombre A la Luz de Jesucristo expresa nuestra convicción de que Jesucristo es la única Luz del mundo, y que la Iglesia ha sido llamada a vivir en esa luz y a reflejarla. Nuestra identidad no está en una denominación, una tradición o un hombre, sino en nuestra unión con Cristo, quien nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.
El evangelio que proclamamos
Creemos que hay un solo Dios, Creador y Santo, y que el ser humano, creado a su imagen, está separado de Él por el pecado. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó al tercer día. Salvación hay únicamente por gracia, mediante la fe en Él, no por obras. Quien se arrepiente y cree nace de nuevo, es justificado, adoptado y llamado a una vida de santidad, libertad y obediencia, para la gloria de Dios.
Esencia
La esencia del cristianismo no está en una denominación, una tradición o un modelo eclesiástico, sino en la persona de Jesucristo y en la fidelidad a las Sagradas Escrituras. Sobre esa base afirmamos tres principios:
- Cristocéntricos. Jesucristo es el fundamento, la Cabeza de la Iglesia y el centro de nuestra vida y ministerio. Toda vida espiritual verdadera comienza en Él, permanece en Él y tiene como fin glorificarle.
- Fieles a las Escrituras. Examinamos continuamente doctrina y práctica a la luz de la Palabra de Dios. Recibimos el principio de la Reforma: la Iglesia reformada, siempre reformándose conforme a la Palabra de Dios. Eso no significa adaptar el evangelio a cada época, sino volver sin cesar a las Escrituras como autoridad suprema de fe y conducta.
- Formadores de discípulos. El propósito de la Iglesia no es solo transmitir conocimiento bíblico, sino formar discípulos semejantes a Cristo. La enseñanza de la Escritura debe producir, por el Espíritu Santo, una transformación integral: santidad, libertad en Cristo, madurez, servicio y obediencia.
Una iglesia integral
Estamos llamados a proclamar todo el consejo de Dios, con un ministerio que integre sana doctrina, comunión, discipulado, evangelización, adoración y servicio. No buscamos un punto medio entre opiniones, sino fidelidad al conjunto de la Escritura. Por eso procuramos:
- Afirmar la soberanía de Dios y la responsabilidad del ser humano.
- Valorar la obra del Espíritu Santo sin apartarnos de la autoridad de las Escrituras.
- Unir oración profunda y obediencia práctica.
- Predicar la gracia de Dios sin descuidar el llamado a la santidad.
- Administrar con fidelidad lo recibido, evitando tanto el materialismo como una espiritualidad que desprecie la mayordomía.
- Permanecer firmes en la verdad sin perder sensibilidad pastoral ni amor a las personas.
El mensaje del evangelio no cambia. Los métodos para comunicarlo deben responder con sabiduría al contexto de cada generación, sin alterar su contenido.
Nuestra identidad doctrinal
Somos una iglesia cristiana evangélica de tradición bautista, conservadora en doctrina, cristocéntrica, y comprometida con la fe cristiana histórica resumida en las Escrituras y afirmada en los credos antiguos. Reconocemos la herencia de la Reforma, especialmente la autoridad suprema de la Palabra. Como iglesia bautista practicamos el bautismo de creyentes por inmersión, afirmamos la autonomía de la iglesia local bajo el señorío de Cristo y asumimos la Gran Comisión.
- Escrituras: inspiradas, inerrantes y suficientes; única regla infalible de fe y práctica.
- Interpretación: hermenéutica histórico-gramatical, con atención al desarrollo progresivo de la revelación.
- Historia de la redención: un solo plan de Dios centrado en Cristo. Distinguimos las funciones de Israel y de la Iglesia, y esperamos el cumplimiento futuro y literal de las promesas hechas a Israel, junto con el reino milenial de Cristo.
- Salvación: la doctrina nace de la exégesis bíblica, no de un sistema previo. Las Escrituras enseñan a la vez la soberanía de Dios en la salvación y la responsabilidad humana de responder al evangelio. No nos definimos por una escuela calvinista o arminiana.
- Dones espirituales: creemos en su vigencia, con una posición continuista cautelosa. Todo ejercicio de los dones queda sujeto a la Escritura, al orden y a la edificación de la Iglesia. Rechazamos el sensacionalismo y toda práctica contraria a la Palabra.
- Ética: la verdad moral ha sido revelada por Dios; no la determina la cultura. La enseñamos con fidelidad, gracia y amor.
Relación con otros cristianos
La Iglesia de Jesucristo está formada por todos los que han nacido de nuevo por la fe en Cristo y confiesan el evangelio revelado en las Escrituras. Siguiendo Juan 17, cultivamos amor, respeto y humildad hacia los creyentes, sin renunciar a nuestras convicciones.
- Promovemos la unidad espiritual con todos los verdaderos creyentes. Hay un solo cuerpo y un solo Señor.
- Mantenemos respeto y diálogo con la Iglesia Católica Romana, las Iglesias Ortodoxas y otras confesiones históricas, reconociendo verdades compartidas, sobre todo las de los credos antiguos, y señalando con gracia las diferencias en autoridad de la Escritura, salvación, sacramentos y gobierno de la Iglesia.
- Rechazamos el sectarismo, el fanatismo y la hostilidad. Nuestra lucha no es contra personas, sino contra las fuerzas espirituales del mal.
- No participamos en prácticas contrarias a las Escrituras ni promovemos el sincretismo. Jesucristo es el único Señor, Salvador y Mediador entre Dios y los hombres.
Nuestra identidad no se define por oposición a otras confesiones, sino por fidelidad a Cristo, a las Escrituras y al llamado de hacer discípulos.
Raíces
Reconocer nuestras raíces nos ayuda a comprender quiénes somos dentro de la historia de la redención.
- Bíblica y judía. La revelación de Dios nace en la historia de Israel. Jesús nació judío y cumplió las promesas mesiánicas. Los gentiles hemos sido injertados, por gracia, en el olivo cultivado. Reconocemos nuestra deuda espiritual con Israel y rechazamos el desprecio hacia el pueblo judío.
- Apostólica. Nuestra fe descansa sobre Cristo y la doctrina de los apóstoles, preservada en las Escrituras. La verdadera sucesión apostólica es fidelidad a esa doctrina, no una sucesión institucional.
- Valoramos la recuperación de la autoridad de la Escritura, la justificación por gracia mediante la fe y el sacerdocio de todos los creyentes.
- Recibimos con gratitud el impulso misionero que llevó el evangelio a las naciones, y queremos continuar esa misión.
- Afirmamos la autoridad de la Escritura, la salvación por gracia mediante la fe, el bautismo de creyentes por inmersión, la autonomía de la iglesia local, el sacerdocio de todos los creyentes, la libertad de conciencia y el compromiso con la Gran Comisión.
- Dios nos ha puesto a servir en este contexto. Toda expresión cultural permanece sujeta a las Escrituras.
Reconocemos el valor histórico de confesiones como Westminster (1646), Saboya (1658) y la Confesión Bautista de Londres (1689). Nuestra autoridad suprema, sin embargo, es únicamente la Sagrada Escritura.
Visión
Una iglesia saludable debe ser clásica en su fundamento, contemporánea en su enfoque y audaz en su visión.
- Clásica en el fundamento: Cristo y la doctrina apostólica. Valoramos la Iglesia histórica, los credos, los concilios antiguos y la Reforma, siempre subordinados a la Palabra.
- Contemporánea en el enfoque: hablamos el lenguaje de nuestro tiempo sin abandonar el mensaje eterno de Cristo.
- Audaz en la visión: formar discípulos maduros, desarrollar líderes íntegros, plantar iglesias, enviar obreros y extender el Reino hasta donde el Señor nos permita.
Permanecemos firmes en la verdad, relevantes en la misión y dependientes de Cristo para el futuro.
A la Luz de Jesucristo
Cristo al centro. La Escritura como autoridad. Discípulos para las naciones.